jueves, 24 de febrero de 2011

El Mc

Fuimos con Carla al Mc de Callao, cansadas de caminar por el centro buscando la parada del 29. Entramos, hacemos la fila, y nos cruzamos con el más temible cliente que puede existir: el desconfiado. Aquel que mira el ticket veinte veces, revisa si el tamaño de las papas es grande, y cuenta la cantidad de hamburgesas antes de levantar la bandeja y llevársela a su mesa. Cuestión que el señor estuvo diez minutos discutiéndole a la empleada (los visten tan ridículos...) sobre el tamaño de su hamburgesa y la cantidad de bebidas correspondientes a los combos. Cuando el señor (...) se fue, ambas lo miramos con demasiado desprecio, y yo con emoción, miré a la empleada y antes de poder decir mi orden, ella desvía la mirada hacia otra y le pregunta ''¿Cerramos la caja?''. En ese momento, al estar cansada, con calor y con ansias (hoy es el recital de Paramore, lo que más me gusta y esperé en este mundo) se me ocurrió hacer un gesto con la mano, y no decir nada, cuando pensaba en insultos, en lo ridícula que estaba vestida, y en que yo no tengo la culpa de que estés trabajando con un moño azul y una camisa celeste a las 2 de la tarde de un jueves de febrero...
Me molesta tu estupidez, empleada, me molesta. Sólo quería mi PUTA hamburgesa, mal educada infelíz. Si querés cerrar la caja, sutilmente sacás un cartelito y con amabilidad me decís: Pasá, estuviste esperando al señor anterior como 20 minutos hasta que se llevara la bandeja, te llevo la comida a tu mesa... Mucho amor y feliz pascua.
Te odio, Mc Donald, a vos y a tus riquísimas hamburgesas.

No hay comentarios: